Louisa May Alcott (1832-1888)
Fue la segunda hija de cuatro hermanas que nacieron en un hogar
marcado por la revolucionaria educación de los padres, ambos espíritus
reformistas, defensores de los derechos de los niños y de las mujeres, de los emigrantes
y de los desfavorecidos. Como su heroína, y alter ego, Jo, Louisa May fue una
joven rebelde y soñadora; y desde su infancia leyó autores clásicos y
desarrolló su talento literario escribiendo relatos, piezas dramáticas y
diversos textos que encauzaron su vocación y la relacionaron con autores que la
influyeron positivamente, como sus contemporáneos los norteamericanos Ralph Emerson
o David Thoreau. Adolescente aún, Louisa May comenzó a trabajar esporádicamente
como maestra, costurera, institutriz y escritora; y publicó su primer libro de
relatos, Flower Fables (1855), que dedicó a Ellen Emerson, hija del poeta Ralph
Waldo Emerson. Cuando estalló la Guerra Civil o Guerra de Secesión, en 1861, la
joven Louisa May, hendía la abolición de la esclavitud, y en cuyos cuentos y
piezas teatrales publicados había mostrado sus ideales humanistas, se enroló
como enfermera voluntaria en el Hospital de la Unión de Georgetown, D. C.,
hasta que unas fiebres infecciosas la apartaron de esta tarea, retornándola a
la creación literaria. En 1865, sin tener una buena acogida ni de la crítica ni
de los lectores, publicó su primera novela, moods («Disposiciones de ánimo»), y
comenzó a trabajar en la revista merry’s museum, cuyo editor la animaría a
concebir una historia para chicas; esta historia derivará en la novela
mujercitas, convertida de inmediato en un éxito de ventas y a la que básicamente
debe Louisa May su trascendencia literaria. La obra tiene el mérito de
enfrentarse a las guías de conducta para señoritas, tan de moda en la época,
proponiendo una revolución en la conducta femenina y presentando a
protagonistas poco idealizadas, heroínas cercanas a la gente común, con quienes
comparten pequeños dramas y objetivos de superación individual y familiar. Por
su frescura, su tono irreverente y la vívida caracterización de los personajes,
la novela fue disfrutada por los lectores de su tiempo y lo es aún, incluso
cuando, a veces, su ritmo pueda parecernos lento, y sus cuadros, demasiado
románticos.
El sorprendente éxito de
mujercitas permitió a Louisa May Alcott profesionalizarse como escritora y
motivó que, al año siguiente de su publicación, apareciera la segunda parte, en
español aquellas mujercitas; y, a continuación, el surgimiento de una saga
dedicada al público juvenil: jo’s Boys, 1886 (Los muchachos de jo, 1933); an old-Fashioned
Girl, 1870 (corazón de oro, 1953, también publicada como una chica a la
antigua, 1957); Little men, 1871 (Hombrecitos, 1943); aunt jo’s scrap Bag, 1871
(cuentos de la tía jo, 1953); eigh cousins, or the aunt-hill, 1874 (Los
primitos, 1952); rose in Bloom. a sequel to Eight cousins, 1876 (La juventud de
los ocho primos, 1966), entre otros títulos que explotan la misma veta de
mujercitas, sin que logren su frescura y belleza de obra directa, casi
testimonial, escrita desde la cercanía de la autora al punto de vista de sus personajes
protagonistas, las cuatro hermanas Meg, Jo, Beth y Amy.
Louisa May Alcott estaba
tan ligada a las ideas de su padre
Y defendió con tanto
ímpetu el derecho a la emancipación femenina, su derecho a ser libre como mujer
y a decidir sobre sus actos, que no se casó. Reemplazó a su madre en el cuidado
del hombre a quien la escritora tanto debía y a quien admiraba profundamente, pasando
los últimos años de su vida combinando su labor literaria con la tarea de
enfermera de su progenitor; hasta su muerte que tuvo lugar tan solo dos días
después del fallecimiento de su padre.
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